7 errores de los emprendedores en materia de propiedad intelectual

Un factor que impacta en el fracaso de los emprendedores es no darse cuenta que hoy en día el activo más importante de las empresas es precisamente su propiedad industrial. Te digo cómo protegerla.
   
Por Fernando Robles Pesqueira
Definitivamente, en los últimos años hemos visto en México un incremento significativo en el número de jóvenes y no tan jóvenes que deciden emprender y comenzar el sueño de ser sus propios jefes. Esta situación, emocionante y apasionante, era de esperarse, derivado del fenómeno producido por las historias de éxito de grandes empresas producto del emprendimiento como Apple, Nike, Facebook, etc. Y es así como en gran parte en el emprendimiento se están depositando las esperanzas del país.
Sin embargo, un factor que impacta en el fracaso de los emprendedores es no darse cuenta que hoy en día el activo más importante de las empresas es precisamente su propiedad intelectual.
Los siguientes son errores clásicos de los emprendedores en materia de propiedad intelectual, que todo emprendedor debería estar seguro de no estar cometiendo:
“Es una novedad; ya busqué en Google y no existe.” Es de verdad impresionante la constancia con que se escucha esta frase. La realidad es que Google no lo sabe todo y mucho menos en tiempo real, y un negocio no debe partir nunca de la base de que es novedoso porque según Google no existe. Si tu proyecto se basa en esa idea, cualquier inversionista que valga la pena evitará seguramente invertir en tu proyecto.

Todo negocio que esté basado en una invención o el desarrollo de una nueva tecnología debe partir de una búsqueda tecnológica de alto nivel. De no hacerlo así se corre el riesgo de tirar tiempo y dinero a la basura.

Publicar antes de patentar sólo para ganar un aumento. Clásico de investigadores, quienes muchas veces están más preocupados por ganar un pequeño aumento de sueldo con una publicación, mientras están sentados en una mina de oro. Se vale publicar para obtener el aumento, pero nunca se debe perder de vista que se tiene poco tiempo para presentar la solicitud de patente después de la publicación, pues se puede perder lo más por lo menos.

No patentar por miedo a que les roben la idea. Muchos emprendedores se niegan a patentar bajo este concepto, pues sienten que les robarán su idea. Sin embargo, no obstante que es un riesgo como cualquier otro en la vida, no deben perder de vista que lo único que los hará más valiosos ante un inversionista es su propiedad intelectual, y esto es más contundente tratándose de patentes.

No registrar marcas porque la ley no sirve. Un temor absurdo, pero todavía existente. Sin embargo, en la vida real la ley funciona, no como a muchos nos gustaría, pero funciona, y si no la utilizas a tu favor, alguien más lo hará para obtener una ventaja, y probablemente cuando tengas éxito utilizarán esa ventaja en tu contra.

Dejar la protección de marcas en manos no profesionales. Entre los emprendedores es común que contraten una agencia de publicidad para que desarrollen la marca y al mismo tiempo deleguen en ella el protegerla, o que vayan directamente al IMPI a registrar sus marcas, situaciones que en el 90% de los casos dejan errores que después cuestan más dinero resolver.

Los problemas vienen con los años. Por ejemplo, si sólo se registró el logotipo original y con el tiempo se recibe una demanda de caducidad (falta de uso), y el logotipo cambió y el nuevo no está protegido y no existe marca nominativa, no tendrán forma de demostrar el uso de la marca y seguramente la perderán. O bien, cuando les “piratean” la marca y deciden demandar, resulta que tienen más riesgos demandado que tolerando la infracción. Es increíble lo común que es esto, inclusive en las grandes empresas.

Utilizar una marca descriptiva o genérica. Las marcas más valiosas del mundo no son genéricas, y no les hizo falta serlo, pues su éxito está basado en sus innovaciones. El emprendedor debe saber que una marca no tiene valor cuando sale al mercado; ese valor se adquiere con el tiempo, ya sea por su relación con una invención, o la calidad del producto o servicio. Cada hora y peso dedicado a la marca se pierde si se cambia por no estar disponible o ser genérica.

No cuidar los secretos. Para muchas empresas, los secretos industriales son lo único que les da una ventaja competitiva, y aunque éstos no son registrables, pues dejarían de ser secreto, se les debe dar el tratamiento específico como secreto industrial al momento de compartirlos, pues es muy fácil perderlos, y una vez que se pierden, si no se tomaron las medidas adecuadas, no quedará otra más que sentarse a llorar la pérdida.

Fernando Robles Pesqueira es socio de la práctica de Propiedad Intelectual de la firma legal Baker & McKenzie.

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